George Williams

RASGOS BIOGRÁFICOS DE GEORGE WILLIAMS
FUNDADOR DE LA ASOCIACION CRISTIANA DE JOVENES
George Williams nació el 11 de octubre de 1821 en una granja en el condado de Somerset (Inglaterra). Pasó los primeros quince años en el campo, al lado de su familia, dedicado con sus otros hermanos al trabajo de la hacienda. La ruda labor agrícola no era algo de su agrado por lo cual creció germinando la idea de ir a trabajar a la ciudad.
Esta idea se tornó mayor al volcar una de las carretas con productos agrícolas que él conducía. El padre, convencido de que no era apto para los trabajos de campo, resolvió llevarlo a un pueblo cercano, Bridgewater, y colocarlo de aprendiz en una tienda, en la cual permaneció durante seis años . El adolescente Wiliams tenía catorce años de edad.
Para ese entonces, no tardó mucho en darse cuenta de su desorientación frente a la vida, analizando sus inquietudes principalmente de orden moral y espiritual, las cuales lo llevaron a unirse a una iglesia congregacionalista a sus 16 años de edad, tomando gran parte activa en una escuela dominical como voluntario e iniciando un movimiento evangelizador entre sus compañeros de trabajo.
UN JOVEN DE CAMPO LLEGA A LONDRES
Terminado el periodo de aprendizaje comercial, en 1841, George Williams llega a Londres que en aquellas épocas presentaba un panorama urbano desolador con altos márgenes de pobreza y miserables condiciones de vida, obligando a la gente a optar por la calle, destacando un alto índice de niños desamparados.
De igual manera encuentra trabajo en una casa mayorista que se distinguía por la fabricación e instalación de cortinas. Los propietarios de este negocio ubicado en el num. 72 de la calle St. Paul Chruchyard, a un costado de la Catedral de San Pablo, eran los Sres. Hitchcock & Rogers con un sueldo de 40 Libras Esterlinas. Aproximadamente 200 dólares por año.
La costumbre de la época promovía que los empleados vivieran en el mismo establecimiento bajo condiciones pésimas, con piezas demasiado pequeñas y mal ventiladas con tres camas y dos empleados durmiendo en cada una.
Los horarios de trabajo eran de las siete de la mañana a las nueve de la noche con menos de una hora para el desayuno, almuerzo y cena.
En esa firma comercial trabajaban cerca de 140 empleados, la mayoría de los cuales, como otros tantos miles de empleados de tiendas habían venido del campo a la ciudad, atraídos por encontrar un mejor porvenir.
En aquella época, más de 150,000 empleados llevaban una vida miserable con 15 horas diarias de encierro en los comercios y, al no tenían otros espacios donde ocupar sus horas libres para recrearse y distraerse sanamente, terminaban sus noches en tabernas gastando el poco dinero conseguido.
George Williams continuó su labor personal en la escuela dominical, y poco a poco hizo sentir su influencia entre sus compañeros de trabajo reuniendo en su habitación a un pequeño grupo de meditación y oración el cual fue creciendo, sumándose empleados de otras casas, lo que obligó o buscar un local más amplio.
El señor Hitchcock, jefe de la casa, se interesó en la obra y le prestó amplia ayuda financiera, lo que le permitió dar desde el principio a ese movimiento un vigoroso desarrollo.
Por iniciativa de George Williams se propició un amplio movimiento entre el personal de las grandes casas con el fin de obtener que los negocios cerraran en horas más tempranas como prioridad para el éxito de esta acción de mejoramiento de condiciones de trabajo y la calidad de vida.
EL MUNDO Y EL JOVEN
La nota característica de la vida de George Williams fue su optimismo invariable, su actitud siempre positiva.
Su dedicación al trabajo en la oficina, su tacto especial para atender a los clientes, la actitud de organizador y de buen vendedor así como la lealtad a la firma, fueron un motivo para que fuese escalando hacia puestos de mayor responsabilidad y remuneración. A los tres años de haber ingresado en la casa, fue nombrado para ocupar el puesto de vendedor de la sección tapicería.
EL APOSENTO ALTO
Como ya hemos dicho, desde su llegada a Londres, George Williams formó un círculo de oración y de meditación al cual concurrían otros compañeros de trabajo. Las reuniones tenían lugar en su dormitorio, el “aposento alto”, era compartido por otros cinco compañeros más.
Siguió la costumbre de seleccionar a los jóvenes que más se venían a su temperamento religioso. El número de asistentes a esas reuniones fue creciendo y pronto su que utilizarse otros dormitorios. La influencia moral de ese grupo de fue extendiendo a una buena parte del personal de la casa, con resultados positivos en cuanto a la elevación del nivel de vida y costumbres.
Pero esto no fue siempre una tarea fácil, pues, entre sus propios compañeros de trabajo encontró una fuerte oposición, teniendo en Rogers, un empleado de mayor categoría en la casa uno de sus más grandes opositores al cual consiguió modifique su actitud y más tarde figurare entre los doce hombres que fundaron la Asociación Cristiana de Jóvenes, acompañando después la obra por largos años.
El Otro triunfo notable del joven Williams fue interesar al propio jefe de la casa, George Hitchcock, en ese trabajo, a tal punto que dio su apoyo decidido al movimiento.
Más tarde Hitchcock aceptó el cargo de tesorero de la YMCA, puesto que ocupó por largos años, contribuyendo también personalmente con grandes sumas a su sostenimiento.
Hasta ese entonces, el movimiento estuvo limitado a la esfera de acción de sus propios colegas, surgiendo la cuestión de extenderlo a otros círculos comerciales con resultados positivos, lo cual compartió con su confidente Edward Beaumont de promover un vasto plan con la ayuda de un grupo de jóvenes y hombres para organizar actividades similares en todas las grandes casas de comercio de Londres. La idea fue aceptada y se programó una reunión preliminar a fines de mayo de 1844, a la cual se invitaría a un núcleo más íntimo de personas para considerar el plan.
En esa época, el jefe de otra importante casa de Londres había iniciado un trabajo similar entre su personal y se puso en comunicación con George Williams para solicitarle su cooperación. Como resultado de ésa entrevista, James Smith, secretario de la gerencia de esa casa, fue invitado a la reunión que se realizó el 6 de junio de 1844, en la que se sentarían las bases de una institución que buscar la cooperación de jóvenes para esparcir el reino de Dios y promover reuniones espirituales entre los demás establecimientos de Londres.
En esta forma quedó resuelta la formación de la Asociación Cristiana de Jóvenes con el nombre de “The Young Men`s Christian Association (Y.M.C.A)”, designándose en esta ocasión el primer Directorio. La primer medida tomada fue la de alquilar el salón de mayor capacidad e independiente de la casa de comercio.
CRECIMIENTO MUNDIAL DE YMCA
George Williams sostuvo siempre que “para realizar una obra grande, ésta debía hacerse de manera grande” y, la YMCA era efectivamente una obra grande que debía ser llevada a conocimiento del mundo en forma amplia y adecuada. Como no sabía de que manera hacerlo explicando que no era un movimiento de esfera limitada o estrecha sino que eran una institución de elevados valores, optó por colocar al frente de su gobierno a hombres del elevado prestigio, cuyos nombres merecían el más amplio respeto de la opinión pública.
Es así que vemos figurar en YMCA a grandes personalidades que se vincularon a sus actividades, como Sir Lord Shafteshurry, gran filántropo y hombre de estado; y al Conde de Harrowby, Lord mayor de Londres, entre otros.
Para el año 1849 fue necesario tomar un local más amplio, en el cual se organizaron la biblioteca, salón de lecturas y clases educativas, ofreciendo mayores comodidades a los participantes.
YMCA fue la primera institución que organizó clases nocturnas para empleados, logrando que su departamento educativo y de empleos adquiera gran prestigio en la ciudad.
Esta política de amplias proyecciones encontró cierta oposición por parte de algunos dirigentes religiosos, pero gracias al tacto, buen humor e influencia convincente de George Williams, esas dificultades fueron finalmente vencidas y la YMCA pudo continuar desenvolviendo exitosamente sus actividades religiosas, culturales y sociales siempre en favor de los jóvenes aprendices y empleados principiantes que vivían solos en Londres.
Una de las tantas manifestaciones de esa preocupación fue puesta de manifiesto en el ofrecimiento del “Almuerzo de Navidad” que durante largos años se sirvió en YMCA a cientos de esos jóvenes. Esta fue una actividad propia de la organización, que generó muchas simpatías en la ciudad de Londres. Tales reuniones se caracterizaban por el ambiente alegre y hogareño, que supo ponerle Williams con su actitud sencilla y bondadosa.
Al tener lugar en Londres durante el año 1851 la Gran Exposición Mundial, la YMCA un organizó un vasto plan de actividades espirituales y culturales dedicadas a los visitantes que vendrían de todas partes del mundo. Lo resultados sobrepasaron todas las esperanzas que los dirigentes de la Asociación habían puesto en ese trabajo de divulgación de sus actividades.
Organizaron 550 reuniones públicas para jóvenes; se realizaron un gran número de conferencias sobre tópicos religiosos en el Exceter Hall, se distribuyeron 362.000 folletos entre los visitantes a la Exposición, y se calcula que más de millón de personas trabajaron con la obra de la Asociación Cristiana de Jóvenes, sus planes y métodos.
Esta propaganda fue llevada por los visitantes hasta el continente americano donde se fundaron nuevas YMCAs, de manera que, en realidad, aquella oportunidad tan excepcional constituyó la base del movimiento internacional.
Montreal y Boston albergaron las primeras sedes YMCAs en América.
Para el año 1850, George Williams tuvo que trasladarse a París por asuntos comerciales y, como era natural en él, se interesó en la fundación de una YMCA en París lo cual era un reto complicado al ser una urbe donde las diversiones frívolas constituían la única preocupación de sus habitantes.
Williams no se desanimó por esto y al año siguiente volvió a visitar París invitando a una reunión especial a personalidades de círculos evangélicos, intelectuales y comerciales donde expuso el plan y su finalidad, consiguiendo fundar la Unión Chretienne des Jeunes Gens de París.
Al terminar la reunión, realizó una donación importante destinada a cubrir los primeros gastos de la organización.
La YMCA de París adquirió en poco tiempo un desarrollo importante y durante mucho tiempo fue el centro del movimiento internacional.
Más tarde se fundaron nuevas YMCAs en gran número de ciudades de Holanda, India, Australia y Estados Unidos. En Alemania existían de antes las asociaciones juveniles – “Jünglingsvereine”, las que pasarían a formar parte de la Asociación Cristiana de Jóvenes posteriormente.
De esta forma las YMCAs llegaron a formar un círculo alrededor del mundo dando lugar a que se creara en el año 1855 un organismo central que se denominó: Comité Internacional de YMCAs, con sede en París, el cual se trasladó después a Ginebra, Suiza, donde está funcionando bajo el nombre de Alianza Mundial de YMCAs.
En agosto de 1855, 11 años después de la fundación de la primera Asociación Cristiana de Jóvenes en Londres, se realizó en París la primera Conferencia Mundial de YMCAs, adoptaron dos resoluciones importantes:
Que todas la YMCAs del mundo, afiliadas al Comité Internacional, serían una sola en sus principios y una sola en su funcionamiento, pero conservando la independencia de organización y forma de accionar.
Se aprobó en forma unánime la declaración mundialmente conocida, aún en éstos días, como la “Base de París”, incorporada a los estatutos de la mayoría de las YMCAs manifestando:
“Las asociaciones cristiana de jóvenes buscan unir aquellos jóvenes que, reconociendo al Señor Jesucristo como su Dios y Salvador, según las Sagradas Escrituras, desean ser sus discípulos en su fe en su vida, y unir sus esfuerzos para extender el Reino entre los jóvenes”.
La labor de George Williams hizo que la YMCA se forjara como una organización altruista, siendo condecorado por esta causa en 1894 con el nombre de Caballero del Reino Unido.
En 1905, Sir George Williams falleció, siendo sepultado en la Catedral de St. Paul entre los Héroes Nacionales.
Finalmente, un último tributo a su obra filantrópica, fue el triángulo rojo que se muestra en la gran ventana de la Abadía de Westminster, el cuál está dedicado a su nombre y a la YMCA por su reelevancia durante la primera Guerra Mundial.



















